El móvil puede esperar al segundo café
Una propuesta para desayunar con menos interrupciones, sin convertirlo en otro reto.
Pones el agua, sacas una taza y coges el móvil mientras esperas. Cuando te das cuenta, ya has leído un mensaje del trabajo, visto dos noticias y abierto una aplicación sin recordar para qué. El café sigue ahí; el rato que ibas a dedicarte se ha llenado de otras cosas.
No hace falta sacar una gran conclusión sobre nuestra relación con la tecnología. A veces basta con reconocer una costumbre que hacemos casi sin elegir. Quizá nos entretiene. Quizá nos deja con la sensación de haber empezado el día atendiendo asuntos que podían esperar.
La propuesta para un desayuno de esta semana es dejar el teléfono en otro sitio antes de preparar la bebida. Puede ser una estantería cercana o la entrada. Si necesitas estar localizable, adapta la idea: no todo el mundo tiene la misma mañana ni las mismas responsabilidades.
Ten a mano algo que te apetezca hacer en ese rato. Abrir la ventana, hojear un libro, escuchar una canción o hablar con quien vive contigo. También puedes desayunar sin añadir ninguna actividad. Dejar un hueco libre no obliga a llenarlo de una forma más provechosa.